Por Vinicio Jarquín
Alguien me dijo hace poco:
“Te he estado siguiendo… estás muy famoso.”
Famoso, famoso, no lo sé.
Solo sé que estoy siendo leído.
Y tal vez eso ocurre porque asumí una posición que tenía un hueco —y lo estoy llenando.
Porque estoy llegando con un discurso que hacía falta: uno que hable de paz, de serenidad, de civismo y de sentido común.
Uno que conecte con la gente de bien de este país, que, como yo, está cansada de ciertos comportamientos y quiere llegar al proceso electoral en calma, con armonía, con respeto.
Pero famoso… esa es una palabra grande.
Mi “fama”, si acaso se puede llamar así, tiene fecha de vencimiento.
Es un contrato de cuatro meses, y luego cuatro años de vacaciones.
Y, además —le dije—, me queda clarísimo que ser famoso en Facebook es como ser millonario en Monopoly: una ilusión que se disfruta, pero no se cobra, y no se sostiene en el tiempo.
