
Esta noche alguien me dijo que imaginaba lo difícil que debía ser mi vida al frente de Apacigua. Pensaba en todo lo que sucede en el país, en las cosas que la ciudadanía conoce y en las que quizá nunca llega a conocer. Suponía, además, que estaría bajo el ataque constante de quienes se oponen a lo que digo y a lo que hago. «Y usted siempre está ahí —me dijo—. No imagino cuántas horas trabaja». Después me deseó cosas bonitas, me mandó abrazos virtuales y me ofreció sus oraciones. Se lo agradecí de corazón.
Y sí, hay días difíciles. A veces trabajo tantas horas que termino funcionando casi en automático y me recuesto sobre el escritorio para dormir diez minutos antes de seguir. También están los bancos, que no tienen la delicadeza de dejar de llamar porque uno esté ocupado sirviéndole a la patria. Ja, ja. Hay cuentas pendientes, y mientras dedico tantas horas a Apacigua, produzco muy poco dinero para atenderlas. Esa parte existe y sería absurdo fingir que no pesa.
Pero hay algo que esa persona quizá no sabe, y que tal vez muchos de ustedes tampoco saben: estar aquí también me hace bien. Para mí es un honor servirle a Costa Rica y a los costarricenses. Siento una satisfacción profunda al hacer lo que creo que me corresponde hacer y al descubrir, cada día, que todavía puedo hacerlo. Cuando conozco a alguien que sigue Apacigua y me cuenta lo que piensa de mi trabajo, de mi manera de decir las cosas, o me dice que alguna reflexión le llegó en un momento importante, recibo mucho más de lo que imaginan. Esos encuentros me llenan y me recuerdan por qué estoy aquí.
Así que no se preocupen demasiado por mí. Sé que hago mucho por ustedes, pero ustedes también hacen mucho por mí. Mientras tenga la posibilidad de atender este llamado, con mis horas de trabajo y con los recursos que logre reunir, aquí voy a estar. Y quiero agradecer especialmente a quienes en estos días me han enviado un empujoncito por Sinpe. Cada aporte me ayuda a continuar, poco a poco, día a día. También me hace sentir acompañado, querido y digno de su confianza. Eso tiene un valor enorme para mí.
A veces me cuesta pedir donaciones. Entonces pongo mis libros a la venta, aunque antes ese dinero cubría mis propios gastos, o me siento a programar aplicaciones de desarrollo personal, como las que les he venido anunciando. Busco maneras de sostener Apacigua trabajando. Pero hay momentos en que solo me queda decirlo con toda sencillez: empujoncitos, por favor. Ja, ja. Y de pronto, cuando apenas voy por el minuto cinco de mi siesta de diez minutos sobre el escritorio, suena el aviso de que alguien me apoyó. Me despierto, sonrío y sigo.
Gracias a todos los que leen, comparten, conversan, discrepan con respeto, oran por mí o aportan lo que pueden. Estamos juntos. Yo estoy con ustedes y vamos para adelante.
Y a quienes me critican por lo que hago o por pedir ayuda, les digo algo: ustedes no tienen idea de lo que significa estar aquí, en el centro de control de Apacigua. Así que los perdono por ignorantes. Hoy prefiero dedicar mi energía a darles las gracias a quienes sí están aquí conmigo.
Nota: para los que criticarán la foto de portada: Sí, es hecha con IA. Yo soy más lindo que eso. ¡bañazos!