
Mi abuelita decía que no solo hay que ser bueno, sino que también hay que aparentarlo. Pensé en sus palabras al conocer que la fracción oficialista escogió a la diputada Kattia Calvo como su representante en la comisión que investigará las denuncias por presunto acoso sexual y laboral contra el diputado Fernando Obaldía, también oficialista. Se trata de un asunto delicado, que exige respeto por las personas denunciantes, por el derecho de defensa del diputado y por la seriedad del procedimiento. Precisamente por eso, la elección de quienes integran esa comisión también merece cuidado.
Sobre doña Kattia se ha hablado mucho a raíz de un expediente disciplinario de su anterior trabajo en la Municipalidad de San José. Entre los señalamientos publicados figura uno relacionado con la proyección de material pornográfico durante la jornada laboral. Ella rechazó las acusaciones y sostuvo que sufrió persecución laboral; el proceso judicial posterior fue archivado sin una sentencia que resolviera el fondo de esos señalamientos. A mí no me constan los hechos y no pretendo declararla culpable ni inocente. Quisiera darle el beneficio de la duda, porque espero que nuestros representantes en la Asamblea Legislativa sean dignos de representarnos.
Ese, sin embargo, no es el punto de este artículo. Mi pregunta se dirige a quienes hicieron el nombramiento: si sabían que existían esos señalamientos públicos sobre doña Kattia, ¿por qué escogerla precisamente para una comisión que investigará una denuncia de esta naturaleza? Podían asignarle cualquier otra responsabilidad y nombrar a otra persona de su fracción para integrar esta comisión. Así habrían evitado añadir una controversia innecesaria a un procedimiento que necesita inspirar confianza. Cuando se informó de la elección, no se dieron a conocer las razones que la motivaron.
No quiero creer que la intención haya sido calentar los ánimos, molestar a la ciudadanía o medir hasta dónde podemos aguantar. Mucho menos quiero pensar que alguien pueda tomarse a broma una denuncia de acoso. Pero me preocupa que una decisión tan fácil de cuestionar se haya tomado sin explicar su criterio. Tal vez exista una razón que no conocemos; si es así, sería bueno escucharla. Mi abuelita tenía razón: cuando se ejerce una responsabilidad pública, hacer las cosas bien importa, pero también importa cuidar la confianza que nuestras decisiones despiertan en los demás.
Fuentes: Teletica y CR Hoy