La democracia es un derecho, sí. Pero también es un deber.
Un deber que no se delega, que no se posterga, que no se olvida.
Todos tenemos que salir a votar.
Por supuesto que importa por quién vayamos a votar, pero al final, lo que más importa es que votemos.
Porque si nosotros no participamos, alguien participará por nosotros en la decisión.
Y quien se ausenta de las urnas, entrega su voz.
Ese día queremos ver las calles vivas, las escuelas llenas, los centros de votación despiertos.
Queremos ver a los hombres y mujeres de San José, de la capital, cerca del poder central, haciendo uso del poder más grande de todos: el voto.
Queremos ver a los hombres y mujeres de Guanacaste, esa tierra noble que un día decidió ser parte de nuestra historia.
Queremos ver a los hombres y mujeres de Alajuela, tierra de héroes y de puertas abiertas al mundo.
Queremos ver a los hombres y mujeres de Heredia, provincia de flores, de paz, de belleza y tradición.
Queremos ver a los hombres y mujeres de Cartago, cuna de historia y fe, caminar hacia las urnas con la misma devoción con la que caminan hacia la Virgen.
Queremos ver a los hombres y mujeres de Puntarenas, que respiran mar, libertad y esfuerzo, salir a votar con la fuerza del oleaje que nunca se detiene.
Queremos ver a los hombres y mujeres de Limón, esa joya del Caribe, llena de cultura, de ritmo y de dignidad, participar con orgullo y esperanza.
Y también queremos ver a los hombres y mujeres de la Zona Norte y del Sur profundo, donde el país se siente más puro, más real, más nuestro.
Y no olvidemos a todos los costarricenses que viven fuera de Costa Rica.
A los que están empadronados en nuestras embajadas y consulados.
A los que, aunque estén lejos, siguen amando este pedacito de tierra como si aún respiraran su aire.
Y, por supuesto, a todos nuestros hermanos por adopción —a todos aquellos con cédula número 8— que eligieron esta patria para echar raíces, trabajar y construir futuro.
Todos y cada uno de nosotros debemos votar.
Porque la democracia no solo se hereda: se honra.
La democracia es un derecho, pero también es un deber.
Y el 2 de febrero, Costa Rica debe volver a demostrarle al mundo que todavía sabemos hacerlo con paz, con respeto y con amor.