La ilusión que empieza a desaparecer

Hay decisiones que pueden explicarse con cifras, cuadros presupuestarios y discursos técnicos. Pero detrás de cada cifra hay personas. Hay familias. Hay niños. Hay ilusiones que pueden tardar años en construirse y apenas unos minutos en comenzar a desaparecer.

El recorte de ₡30.000 millones a los recursos destinados a vivienda social no es solamente un movimiento dentro del presupuesto nacional. Para miles de familias puede significar que la casa que imaginaron, que esperaron y por la que hicieron trámites durante meses o años se aleje todavía más.

Una casa no es únicamente paredes y techo.

Es el lugar donde una madre quiere ver crecer a sus hijos. Es la tranquilidad de no tener que mudarse nuevamente. Es dejar de pagar un alquiler que consume casi todo el ingreso. Es poder cerrar una puerta y sentir, finalmente, que se está en casa.

Según la advertencia del Banco Hipotecario de la Vivienda, este recorte podría dejar sin financiamiento a unas 2.400 familias durante 2026. Son miles de personas que podrían ver detenida una oportunidad que quizá no vuelva a presentarse fácilmente.

También se aprobó un recorte de ₡40.000 millones a los CEN-CINAI.

Y aquí tampoco estamos hablando solamente de una institución o de una partida presupuestaria. Estamos hablando de niños y niñas que reciben alimentación, cuido y atención porque sus familias lo necesitan.

Estamos hablando de hogares donde cada comida cuenta.

De madres y padres que trabajan, buscan empleo o intentan salir adelante sabiendo que, durante parte del día, sus hijos están atendidos y reciben alimento. Cuando se debilita ese apoyo, la preocupación entra directamente en las casas de quienes tienen menos posibilidades de resolverlo por su cuenta.

No quiero afirmar que mañana todos esos niños quedarán sin alimento. Pero sí quiero preguntar qué consecuencias tendrá retirar tantos recursos de un programa que existe precisamente para protegerlos.

¿Qué servicios dejarán de brindarse?

¿Qué familias tendrán que esperar?

¿Qué niños recibirán menos?

¿Qué madres tendrán que elegir entre trabajar y cuidar a sus hijos porque ya no encuentran el apoyo que necesitaban?

Estamos a menos de tres meses de que el nuevo Gobierno asumiera el mandato. Es demasiado pronto para que tantas familias comiencen a sentir que las promesas, las oportunidades y la protección social se les escapan de las manos.

Quienes gobiernan pueden explicar que los recursos serán destinados a otras necesidades igualmente importantes. Y seguramente habrá argumentos contables, legales y presupuestarios. Pero gobernar no es solamente mover dinero de una columna a otra.

Gobernar también es comprender el dolor que provoca cada decisión.

Es mirar a la familia que perderá la oportunidad de tener casa. Es pensar en el niño que depende de una institución para recibir alimento. Es recordar que las personas más afectadas casi nunca tienen acceso a los lugares donde se toman estas decisiones.

A veces quienes apoyan a un gobierno creen que cuestionarlo es traicionarlo. Pero no es así.

Uno puede haber votado por un proyecto político y aun así preguntarse si esto era lo que esperaba. Puede haber confiado en sus promesas y, precisamente por esa confianza, exigir explicaciones. Puede seguir apoyándolo sin cerrar los ojos ante el dolor de otras personas.

Vos, que votaste por el oficialismo: si no necesitás un bono de vivienda, si no necesitás los CEN-CINAI y tampoco sentís preocupación por quienes sí dependen de esos programas, podés seguir viviendo tu vida en paz.

Pero si todavía te conmueve la familia que pierde la ilusión de tener casa y el niño que podría recibir menos apoyo, me encantaría saber qué estás pensando.

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