Levantar la mano

Es difícil conocer a una magistrada. Son personas cuya labor influye profundamente en la vida del país, aunque la mayoría de nosotros nunca llega a conversar con ellas. Lo mismo ocurre, muchas veces, con los diputados, los presidentes y los expresidentes. Desde que estoy al frente de Apacigua, gracias a la confianza que ha despertado nuestro trabajo y al norte que hemos trazado, he tenido la oportunidad de acercarme a personas que probablemente no habría conocido de otra manera. En ese camino me encontré una vez con doña Patricia Solano, magistrada de la Sala Tercera, y nos tomamos una foto. No puedo decir que la conozco personalmente en profundidad, pero sí hemos hablado por teléfono e intercambiado algunas comunicaciones escritas. La impresión que me ha dejado es la de una mujer encantadora, fuerte, inteligente y entregada a su trabajo.

No puedo imaginar lo agotador que debe ser ejercer una magistratura. Menos aún en un tiempo en que el Poder Judicial recibe ataques constantes desde otro poder de la República y desde sectores de la población. Detrás de la toga hay una persona que escucha, decide, carga con responsabilidades enormes y, al terminar el día, sigue siendo humana. Por eso me conmovió saber que doña Patricia presentó formalmente su solicitud para continuar en la Sala Tercera cuando venza su nombramiento en noviembre. Todavía no se ha resuelto su reelección; lo que hizo fue expresar su voluntad de seguir.

Perdónenme el dramatismo, o quizá el romanticismo literario, pero no puedo evitar pensar en Juan Santamaría levantando la mano para decir: «Yo voy». Son personas de distintos tiempos, con tareas y riesgos que no pretendo equiparar. Lo que reconozco en ambos gestos es esa decisión de ponerse de pie cuando sería más fácil quedarse al margen. Después de años de servicio, y en medio del desgaste que puede traer este momento, doña Patricia levantó la mano y dijo, en esencia: «Yo sigo». Para mí, esa decisión también se llama patriotismo.

Algunos intentamos cuidar la democracia, la institucionalidad, la separación de poderes y el Estado de derecho desde el lugar que nos corresponde. Ella levantó la mano desde el Poder Judicial. Yo la levanto desde Apacigua. Y vos también podés levantarla desde tu casa, tu trabajo, la calle, lo que hacés cada día o incluso tu Facebook. No todos tenemos una toga ni un cargo público, pero todos tenemos algo que aportar cuando aquello que sostiene a Costa Rica necesita de nosotros. Hoy, levantar la mano también es patriotismo.

Gracias, doña Patricia.

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