Miércoles legislativo

El miércoles 19 de agosto tuve tres citas programadas en la Asamblea Legislativa, aunque finalmente solo pude cumplir con dos de ellas.

En la mañana impartí un taller del programa “Ser sin dejar de ser”, un espacio de autoanálisis y reflexión personal, en uno de los despachos legislativos, junto con los asesores de uno de los diputados. Por lo que pude percibir, quedaron muy agradados con la experiencia. Fue una conversación entretenida, cercana y, sobre todo, edificante. De esas en las que uno llega dispuesto a compartir algunas herramientas y termina descubriendo que todos aprendemos de todos. Yo también salí de ahí con nuevos aprendizajes.

Por la tarde tenía una segunda cita para asistir al área pública de la Asamblea Legislativa, pero finalmente no pude cumplirla. Al caer la tarde participé en una actividad sobre Democracia y Seguridad, organizada por Sigrid Segura, diputada del Frente Amplio. Entre los expositores estuvieron Francisco Dall’Anese, Tania Molina, la propia Sigrid Segura, José María Villalta, jefe de la bancada del Frente Amplio; Gerardo Huertas, abogado penalista; y Angie Arce, del Colegio de Abogados.

Al inicio conversé un rato con Angie, igual que con Francisco, aunque con él pude hablar más al finalizar la actividad. A José María apenas lo saludé rápidamente, igual que a Edgardo Araya, y tanto a él como a Sigrid les recordé que tenemos pendiente establecer una fecha para trabajar con sus asesores.

Con Tania hablé durante bastante rato. Es una amiga muy apreciada y cada vez que coincidimos terminamos pasándola muy bien. Y finalmente conocí personalmente a Gerardo, después de habernos escrito mucho. Me causó una gran impresión. Tiene algo de niño de doce años: es gracioso porque tiene gracia, sonriente, simpático, espontáneo; pero al mismo tiempo posee conocimientos impresionantes sobre la materia que domina. Esa combinación entre ligereza personal y profundidad profesional me resultó particularmente agradable.

Las exposiciones fueron muy valiosas. Se tocaron temas que, más allá de cualquier posición política, deberían preocupar a cualquiera que valore la democracia y el Estado de derecho. Se habló, por ejemplo, de cómo un eventual decreto de secreto de Estado puede convertirse en una amenaza real para la democracia cuando termina cerrando espacios de transparencia y control ciudadano.

También se abordó la posibilidad de otorgar algún tipo de impunidad o protección excesiva a los policías en el ejercicio de sus funciones. El peligro señalado fue muy claro: cuando se eliminan o debilitan los controles sobre el uso de la fuerza pública, se corre el riesgo de legitimar el abuso del poder y de abrir una puerta peligrosísima, incluso frente a situaciones en las que una persona pueda perder la vida.

Otro de los temas fue el eventual levantamiento de garantías individuales. La comparación que más me quedó fue la de una especie de “pesca de arrastre”: lanzar una enorme red para tratar de capturar delincuentes, pero permitiendo que dentro de ella puedan quedar también personas inocentes, especialmente si los controles y la supervisión institucional se debilitan.

También se habló de lo poco efectivo que puede resultar simplemente aumentar las penas por los delitos. Un delincuente no necesariamente deja de cometer un crimen porque la condena sea de diez, veinte o treinta años. En muchos casos actúa convencido de que no será atrapado. Por eso, aumentar castigos puede sonar contundente políticamente, pero no necesariamente resuelve el problema de fondo.

Y se insistió en algo fundamental: la responsabilidad de prevenir el crimen, que probablemente constituye uno de los mayores peligros que enfrenta actualmente el país, recae principalmente en el Poder Ejecutivo. La prevención, la seguridad en las calles, la inteligencia policial, la presencia territorial y las políticas públicas destinadas a impedir que el delito ocurra forman parte de sus responsabilidades esenciales.

Al final, además de aprender, me divertí. Pasé un muy buen rato con Tania y Gerardo, conversando después de las exposiciones y disfrutando esa parte humana que tantas veces se pierde cuando la política se mira únicamente desde las redes sociales o desde las noticias.

La verdad es que fue un día divertido porque amo lo que hago. Por la mañana tuve la oportunidad de compartir herramientas de desarrollo personal con personas que participaron en mi taller y, al mismo tiempo, aprender de ellas. Por la tarde pude escuchar, de primera mano, reflexiones y advertencias sobre los problemas de Democracia y Seguridad que enfrenta Costa Rica, expuestas por personas con amplio conocimiento y experiencia.

Todo esto ocurrió en el Salón de Expresidentes de la Asamblea Legislativa.

Y mientras regresaba a casa pensé que quizá esos son los días que más disfruto: aquellos en los que puedo enseñar un poco, aprender mucho, conversar con personas interesantes, encontrarme con amigos, conocer gente nueva y seguir entendiendo, desde adentro y sin intermediarios, lo que está pasando en nuestro país.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Scroll al inicio