No me gusta Apacigua

Alguien me dijo hace unos días: “No me gusta Apacigua”. Y yo pensé: a mí tampoco me gustan las chorreadas de doña Lupita y no por eso ando publicando en Facebook que no me gustan. Pero no dije nada. Cada uno tiene derecho a que algo le guste o no.

Entonces agregó: “No me gusta ese nombre”. Y pensé nuevamente: bueno, a mí tampoco me gusta el nombre de él, pero tampoco parecía necesario convertir aquello en tema de discusión.

Sin embargo, luego vino la explicación: “No podemos estar apaciguados ante los problemas que está viviendo el país”.

Ahí sí entendí mejor lo que quería decir y traté de explicarle algo que quizá también valga la pena explicar públicamente. Apacigua no pretende decirle a todas las organizaciones, movimientos, colectivos o ciudadanos cómo deben defender la democracia. Hay muchas personas trabajando desde espacios diferentes, con estrategias distintas y de maneras con las que podremos estar de acuerdo o no. Apacigua tiene su propia forma de hacerlo: dentro de la democracia, el Estado de derecho, la institucionalidad y la no violencia.

Pero la palabra Apacigua habla también de algo mucho más personal: de la actitud con la que enfrentamos internamente lo que está ocurriendo.

Vivimos sometidos a noticias, rumores, comentarios, videos, enfrentamientos, insultos, advertencias y publicaciones que aparecen desde que despertamos hasta que nos vamos a dormir. Apaciguarse no significa ignorar lo que sucede. Significa procurar que todo ese ruido no termine gobernando nuestra mente, nuestras emociones y nuestra vida. Podemos cuestionar, denunciar, exigir, participar, defender nuestras instituciones y sostener la democracia sin vivir permanentemente consumidos por la rabia, el miedo o el estrés.

Entonces me dijo: “No se puede ser pasivo. Tenemos que echarnos a las calles”. Y nuevamente le expliqué que Apacigua nunca ha planteado que defender la democracia signifique quedarse sentado viendo cómo pasan las cosas. Lo que sí hemos dicho, una y otra vez, es que no promovemos la violencia. Se puede tener firmeza sin violencia. Se puede protestar sin agredir. Se puede exigir sin destruir. Se puede defender profundamente una causa sin permitir que esa causa nos destruya por dentro. Pero él ya estaba decidido a continuar.

“Sí, pero no me gusta el nombre —me dijo—. Porque el nombre siempre dice de qué se trata. Si se llaman Apacigua, quiere decir que son unos tibios que no van a hacer nada”.

Volví a explicárselo: estar apaciguado interiormente no significa renunciar a sostener o recuperar aquello que consideramos valioso. Al contrario. Muchas veces una persona serena piensa mejor, decide mejor y actúa mejor que alguien dominado por la ira. La serenidad no es cobardía. La prudencia no es indiferencia. Y la no violencia jamás debería confundirse con falta de carácter.

Pero finalmente entendí que ya no estábamos discutiendo sobre Apacigua. Estábamos discutiendo sobre nombres. Así que preferí dejarlo ahí. Aunque antes me quedé pensando que, si para este señor el nombre de una organización explica literalmente todo lo que hace, no quisiera imaginar lo que piensa cuando ve a Tío Pelón cosechando arroz. Y alguien debería advertirle cuanto antes que Sal Sol no se fabrica en el Sol.

Pero me queda una duda todavía más preocupante: ¿Qué pensará este hombre cada vez que, en el supermercado, pasa junto a las cajitas de achiote Los Patitos?

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Scroll al inicio