
En las Naciones Unidas, el orden de los discursos no se establece simplemente diciendo quién es más importante y quién menos. Hay protocolos, rangos de representación, tradiciones y preferencias de las propias delegaciones. Los jefes de Estado y de Gobierno tienen, naturalmente, una presencia distinta dentro de ese escenario diplomático. Por eso, aunque sería incorrecto presentar la lista de oradores como si fuera una tabla de posiciones, también resulta interesante observar dónde aparece Costa Rica y, sobre todo, quién representa al país cuando llega el momento de ocupar uno de los podios más importantes de la diplomacia mundial.
Viajemos un poco hacia atrás. El 23 de septiembre de 1987, el presidente de Costa Rica era Óscar Arias Sánchez, quien ese mismo año recibiría el Premio Nobel de la Paz. El acta oficial de aquella sesión de la Asamblea General de Naciones Unidas comienza diciendo algo muy sencillo: “La Asamblea escuchará en primer lugar la alocución del Presidente de la República de Costa Rica”. Y así fue. Óscar Arias fue el primero en hablar aquella mañana. Costa Rica abría la sesión plenaria y su presidente subía personalmente al podio de las Naciones Unidas para hablar sobre Centroamérica, la paz, la democracia y el plan que estaba impulsando en una región todavía golpeada por la guerra. No hace falta idealizar aquel momento ni convertirlo en una competencia entre gobiernos. Basta con mirar la fotografía histórica: un presidente costarricense estaba allí, hablando personalmente y abriendo una sesión de la Asamblea General.
Vengámonos ahora al presente. Durante la administración de Rodrigo Chaves, Costa Rica participó todos los años en el debate general, pero el presidente Chaves no fue quien pronunció esos discursos. En 2022, 2023, 2024 y 2025 el encargado fue el entonces canciller Arnoldo André Tinoco. Los registros oficiales de Naciones Unidas lo identifican como el representante costarricense en esas intervenciones. Doña Laura Fernández, al momento de escribir estas líneas, tampoco ha pronunciado personalmente el discurso de Costa Rica ante el debate general de la Asamblea General.
Y llegamos a 2026. Costa Rica terminó interviniendo en la sesión de cierre mediante su representante permanente ante Naciones Unidas, Boris Marchegiani. Según la lista oficial de oradores citada por Delfino.cr, nuestro país ocupó el puesto 18 de los 20 discursos programados para esa sesión. Después de Costa Rica únicamente quedaban Vanuatu y Benín. La intervención que originalmente estaba prevista para el canciller Manuel Tovar terminó, después de su destitución, en manos del representante permanente de Costa Rica ante la ONU.
Ahí está el contraste histórico. En 1987, el presidente de Costa Rica llegaba personalmente al salón de la Asamblea General y aquella sesión comenzaba escuchando a nuestro país. En 2026, Costa Rica habló en el puesto 18 de 20 de la última sesión del debate general, representada por su embajador ante Naciones Unidas. El número por sí solo no determina la importancia de un país, ni debería utilizarse como una clasificación diplomática. Pero los símbolos existen. La presencia, el nivel de representación, el momento escogido y el lugar que finalmente se ocupa dentro de una agenda internacional también cuentan una historia.
Y algunas historias no necesitan demasiados adjetivos. Basta con colocar las dos imágenes una al lado de la otra: 1987: “La Asamblea escuchará en primer lugar al Presidente de la República de Costa Rica”. 2026: Costa Rica, 18 de 20. Después venían Vanuatu y Benín. Cada uno podrá sacar sus propias conclusiones.
Durante la administración 2022-2026, el expresidente Óscar Arias Sánchez fue objeto de fuertes críticas provenientes del Poder Ejecutivo. Hubo enfrentamientos públicos, respuestas duras y descalificaciones directas. No fue una relación política amable y tampoco pretendió serlo. Don Óscar, por su parte, también fue un crítico abierto del gobierno de Rodrigo Chaves y llegó a cuestionar con mucha dureza su manera de gobernar y su lectura de la historia política costarricense.
Pero con el paso del tiempo uno termina viendo algo que ocurre con frecuencia: algunas personas parecen creer que, tirándole piedras a quien está muy arriba, consiguen de alguna manera hacerse más altas ellas mismas. Y no funciona así. Se puede cuestionar a Óscar Arias, se pueden discutir sus gobiernos, sus decisiones, sus posiciones políticas e incluso estar profundamente en desacuerdo con él. Eso forma parte de la democracia. Lo que resulta mucho más difícil es pretender borrar la dimensión internacional que alcanzó a lo largo de su vida.
Ni la administración anterior, ni esta, ni sus seguidores, ni sus adversarios en Costa Rica o fuera de ella pueden simplemente disminuir esa parte de su historia. Óscar Arias fue dos veces presidente de Costa Rica, recibió el Premio Nobel de la Paz y durante décadas construyó relaciones, presencia y reconocimiento en espacios internacionales de altísimo nivel. Eso no depende de que hoy ocupe un cargo público, ni de que tenga una oficina en Casa Presidencial, ni siquiera de que vuelva a subir al podio de Naciones Unidas.
Y quizá ahí está una de las ironías más grandes. Hoy don Óscar puede estar sentado tranquilamente en su casa, rodeado de sus libros, sin ocupar ningún puesto en el Estado, y conserva una red de relaciones internacionales construida durante décadas. La altura internacional no se obtiene con un decreto, con una conferencia de prensa ni atacando a quien la alcanzó antes. Se construye con los años, con presencia, con relaciones y con una trayectoria que termina hablando incluso cuando uno ya no tiene que levantar la voz.