Querido votante de cara a las elecciones presidenciales del 2026 en Costa Rica. Mucho se ha dicho, mucho se ha explicado, mucho está a la vista. La información circula, los hechos están ahí, las señales son claras. Y, aun así, resulta evidente que quienes han decidido votar por el continuismo no están abiertos a razones. Yo, en lo personal, ya desistí de intentar que un chavista entre en reflexión. Ese no es mi público hoy.
Hoy le hablo directamente al abstencionismo. Le hablo a quienes todavía no están seguros de salir a votar. A quienes dudan, a quienes sienten cansancio, a quienes creen que da lo mismo. Porque estamos frente a unas elecciones que no son una más. Estamos, probablemente, frente a las elecciones más importantes que ha vivido Costa Rica en muchos años. Y si el panorama continúa como se ve, podrían ser incluso las últimas verdaderamente libres.
En el próximo período de gobierno corresponde nombrar figuras clave para el equilibrio democrático del país. Se debe cambiar al Contralor General de la República. Se deben nombrar magistraturas, probablemente tanto en la Sala Constitucional como en el Tribunal Supremo de Elecciones. Si el nuevo gobierno coloca fichas alineadas al poder de turno en esos puestos, el daño no sería inmediato ni espectacular. Sería silencioso, progresivo y profundo. Y cuando nos demos cuenta, ya no habría mucho que hacer.
Desde mi análisis personal, en estas elecciones se decide algo fundamental: si perdemos o no a Costa Rica como la conocemos. Y quiero ser muy claro. No le estoy hablando a quienes ya decidieron entregar su voto al continuismo. A ustedes no les pido que respondan, ni que comenten, ni que se defiendan. Porque, desde mi punto de vista, están regalando la patria por razones emocionales, identitarias o de rebeldía, sin dimensionar las consecuencias reales de esa decisión.
Aquí no se trata de negar que Costa Rica ha tenido problemas. Sí, ha habido corrupción en otros gobiernos. Sí, ha habido malversación de fondos. Sí, hay instituciones golpeadas y debilitadas. Todo eso es cierto y todo eso hay que corregirlo, investigarlo y sanearlo. Pero nada de eso justifica entregar el país entero como castigo, como berrinche o como experimento.
Salir a votar en estas elecciones no es un acto partidario, es un acto de defensa. De nuestro voto depende seguir viviendo en una Costa Rica imperfecta, sí, con defectos y virtudes, con problemas y fortalezas, pero democrática. O terminar de quebrarla desde adentro, dándole la estocada final por la espalda, sin siquiera darnos cuenta de cuándo ocurrió.
Tu voto importa más de lo que crees. Tu ausencia también. No votar hoy no es neutralidad, es dejar que otros decidan por ti. Y votar sin pensar puede convertirte, sin quererlo, en quien empuña la espada que hiere a la patria.
Porque si el próximo gobierno llegara a tener cuarenta diputados, estaríamos entregando, sin condiciones y sin restricciones, la llave de la caja fuerte donde guardamos nuestra Constitución Política. Y ahí sí, podríamos perder nuestros derechos y nuestras garantías. No de un día para otro, no con un anuncio escandaloso, sino poco a poco, en silencio, hasta que ya no haya marcha atrás.
Por eso, en estas elecciones, hay que salir a votar. No por miedo, sino por conciencia. No por odio, sino por amor al país que todavía tenemos la oportunidad de cuidar.
