El domingo pasado, después de muchos meses de esfuerzo sostenido, de trabajo constante y de una entrega que, siendo honesto, ha sido mucho más grande de lo que imaginé al inicio, tomé una decisión. Una de esas decisiones que no nacen desde la claridad, sino desde el cansancio. Decidí separar a Vinicio Jarquín de Apacigua. Lo hice entendiendo que el movimiento, en su forma actual, implica una carga importante de tiempo, energía y también de recursos económicos que, en muchos momentos, apenas logro sostener con la ayuda de algunas personas que se sienten parte de esto y que, con sus aportes, han permitido que siga existiendo. En ese estado, decidí detenerlo todo.
Como es bien sabido, bajo la sombrilla de Apacigua tu ser interior se han venido desarrollando distintos espacios: el movimiento cívico y social, la radio, el Universo Digital de Apacigua (UDA) y algunos proyectos de participación ciudadana con instituciones como la Asamblea Legislativa, la Contraloría, la Defensoría de los Habitantes y el TSE. La radio de Apacigua no es simplemente un canal más. Era un espacio pensado para acompañar desde la calma, para ofrecer una pausa en medio del ritmo cotidiano, para sostener una frecuencia distinta, más serena, más humana. Un medio de apaciguamiento que, en su forma, se sentía poco común y que, hasta donde sabemos, no es algo que se vea con frecuencia en otros contextos, nacionales e internacionales, y por eso mismo es una lástima haber tenido que decidir apagarla permanentemente.
Sin embargo, sostener un espacio así implica más que intención. Requiere tiempo, estructura y recursos que, en ese momento, no estaban siendo suficientes para mantenerlo como merece, y por esa razón, oficialmente dejaría de funcionar. Decidí que durante las próximas semanas trataría de mantener activo el Universo Digital de Apacigua, con la intención de que el movimiento pudiera sostenerse un poco más en su forma más simple. La idea era acompañar, en la medida de lo posible, en estos momentos que se perciben complejos, mientras seguíamos intentando dar continuidad, hasta donde alcanzara, a los espacios de participación ciudadana que se han venido construyendo. Cuidar lo esencial también implicaba ajustar la forma en que estábamos presentes. Probablemente no tendríamos la misma cantidad de comentarios o puntos de vista sobre lo que ocurriera en el contexto político, pero, en su esencia, Apacigua seguiría encontrando su manera de estar. Eventualmente, seguirían llegando artículos de apaciguamiento, desde un lugar más simple, más humano y más cercano a lo que siempre ha sido el corazón de este espacio. Uno intenta sostener todo lo que puede, todos los espacios, todos los proyectos, todas las ideas, pero también llega un punto en el que es necesario reconocer los límites y tomar decisiones, no desde el dramatismo, sino desde la realidad y desde el deseo de cuidar lo esencial.
Y por eso, la radio se detendría de inmediato y Apacigua, como tal, en su totalidad, también dejaría de llegar a las redes sociales y como presencia cívica y ciudadana, y en modo de presencia institucional en Costa Rica. Todo, tal como venía funcionando, se detendría; todo, en su forma actual, simplemente dejaría de estar.
Fue una decisión lógica desde el agotamiento. Pero esta mañana, en medio de la rutina más simple, algo volvió. No fue una idea, no fue un análisis, fue una sensación. Recordé por qué estoy en esto. Recordé que esto no nació como un proyecto estructurado, ni como un movimiento que había que sostener, sino como una forma de expresar, de observar, de acompañar, de apaciguar en medio del ruido. Y en ese recuerdo, sin hacer mucho esfuerzo, me di cuenta de que todavía hay algo vivo aquí.
Por eso hoy estoy de vuelta, no desde la presión ni desde la obligación, sino desde ese mismo lugar que dio origen a todo, dando un empujón más. Y lo digo con total honestidad: me gusta hacerlo. Me gusta escribir. Me gusta compartir. Me gusta lo que se ha construido.
Y también reconozco profundamente el apoyo de quienes han estado presentes, no solo con palabras, sino con acciones concretas que han permitido sostener este espacio hasta hoy. Y en ese mismo sentido, vale la pena recordar algo que a veces se diluye en medio de todo esto: yo no soy un influencer ni un generador de contenido como tal. Lo que hay detrás de Apacigua no es una dinámica de publicaciones por visibilidad, sino la dirección de un movimiento. Un movimiento de apaciguamiento que no es mío, es de todos ustedes y mío, de todos nosotros. Y sostener algo así, en las condiciones actuales, se vuelve cada vez más complejo cuando la mayor parte del peso recae sobre mis propios ingresos, que hoy cubren más del ochenta por ciento de los gastos que esto implica; mientras las cuentas se siguen acumulando.
Y decir esto no es sencillo; no es algo que me resulte natural decir, pero es necesario: si para algunos de ustedes esto importa, aporta o ayuda, si sienten que Apacigua tiene un lugar en sus vidas, entonces el apoyo emocional, que valoro profundamente, puede ir acompañado de una forma más tangible de estar. Ese aporte, ojalá mensual, del tamaño que tenga sentido para vos, puede ayudar a que esto siga existiendo; una continuidad real, como una forma de sostener algo que, en esencia, busca acompañar.
Lo que viene, y esto también lo percibo con claridad, no será sencillo. Los próximos años traerán retos importantes, y espacios de calma, de reflexión y de conciencia pueden ser más necesarios que nunca.
Apacigua no es una solución, pero puede ser un apoyo. Y si ese apoyo vale la pena, entonces se puede sostener entre varios. Por ahora, aquí estoy, más simple, más consciente y, sobre todo, más conectado con la razón por la que esto empezó… desde un lugar más sereno, más humano y más cercano a lo que siempre ha sido Apacigua.